
No siempre se comprende el auténtico significado de lo utópico… creo que el verdadero sentido radica más allá de lo iluso o el mero optimismo… va más lejos de todo esto y de todo lo demás. Es un término empapado de connotaciones y subjetivismo.
Parece que afloran últimamente condecoraciones a soñadores, pero todas en la misma línea, prevaleciendo el paralelismo a la originalidad, eso que precisamente otorga a la palabra su verdadero sentido. Lo que en su día resultó absurdo, pasó a ser ilógico, para más tarde convertirse en ingenioso, sentimental y por ultimo “rentable”. En repetidas ocasiones esos dos últimos términos aparecen unidos… supongo que es evidente que inmersos en la automatización, cualquier viso de humanismo da juego.
Tengo la impresión de no ser la única que ha sentido una punzada en el estómago al comprobar como lo que una vez generó ese sentimiento mágico e infantil, de repente ha proliferado en los medios para alimentar a un público “facilón”. Rompe la concepción que tenía de todo, una interpretación singular, personalizada de la realidad, que de pronto alguien se ha permitido propagar como estándar. Quizás la equivocada es una, confiando en que las sensaciones eran personales e intransferibles…posiblemente habiéndome provisto de esas doctrinas generalizadas… y comprendiendo ahora que no se es tan diferente como se cree… lamentablemente.
A pesar de todo sigo reivindicando la privacidad de las ideas, ese silencio que las convierte en singulares, en brillantes, que las hace únicas… hasta que uno siente la necesidad de revelarlas (asumiendo el riesgo de que terminen por sistematizarse).
Parece que afloran últimamente condecoraciones a soñadores, pero todas en la misma línea, prevaleciendo el paralelismo a la originalidad, eso que precisamente otorga a la palabra su verdadero sentido. Lo que en su día resultó absurdo, pasó a ser ilógico, para más tarde convertirse en ingenioso, sentimental y por ultimo “rentable”. En repetidas ocasiones esos dos últimos términos aparecen unidos… supongo que es evidente que inmersos en la automatización, cualquier viso de humanismo da juego.
Tengo la impresión de no ser la única que ha sentido una punzada en el estómago al comprobar como lo que una vez generó ese sentimiento mágico e infantil, de repente ha proliferado en los medios para alimentar a un público “facilón”. Rompe la concepción que tenía de todo, una interpretación singular, personalizada de la realidad, que de pronto alguien se ha permitido propagar como estándar. Quizás la equivocada es una, confiando en que las sensaciones eran personales e intransferibles…posiblemente habiéndome provisto de esas doctrinas generalizadas… y comprendiendo ahora que no se es tan diferente como se cree… lamentablemente.
A pesar de todo sigo reivindicando la privacidad de las ideas, ese silencio que las convierte en singulares, en brillantes, que las hace únicas… hasta que uno siente la necesidad de revelarlas (asumiendo el riesgo de que terminen por sistematizarse).
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