Tren cercanías Asturias: Gijón-Pola de Lena (con parada en todas las estaciones). Un chico y su bici suben en una parada. Expectación general y hallazgo sociológico: nadie de los presentes parece haber visto jamás a alguien con barba y melena no ser en algún capítulo de "Perdidos". Parece ser que el hombre tiene problemas con la bici e intenta arreglarla como buenamente puede. Yo observando todo ésto a una distancia de unos 15 metros. Hay un señor a menos de cincuenta centimetros de él que es incapaz de sostenerle la bici, parece querer ofrecer apoyo telepático, pues emite extrañas señales faciales. "Barbas-seguroquemontasinbillete"se mancha las manos de grasa y va al baño a limpiarse. Apoya la bici junto a una puerta y en un frenazo, la bici se cae al suelo. Bien, el hombre de los anteriores ahora se podrían llamar"cincuenta millones de reflejos", reacciona ante tal acontecimiento con una serie monosilábica que sale misteriosamente de entre sus dientes acompañada de una sonrisa irónica. 15 metros más allá, perpleja y a la vez confusa, dudando si levantarme o no, estoy yo. No lo hago. Poco después, el revisor aparece por el vagón. Al llegar a la altura de la bici, repite el gesto del hombre anterior, pero con un volumen más elevado y sin sonrisilla. Aparta de mala manera a la pobre y tan reiterada "bici" y sigue su recorrido. Al llegar cerca de mí, reaparece en escena el chico del principio que, en contra de los pronósticos de muchos (entre ellos nuestro anteriormente mencionado "mister smile"y sus ecuaces, entre los que se encuentra un chabal que no llega a 20 años y que mira con superioridad a nuestro "superviviente"(eso sí, está en primera fila en los conciertos del Melendi en el Tartiere) sí que llevaba billete (no lo había perdido en la isla) y como respueta a su pregunta sobre los arcenes habilitados en las estaciones, obtiene una respuesta cuanto menos desagradable por parte del revisor. Regresa al lugar donde se encontraba su incomprendida y maltratada bici, la coloca definitivamente bien tras varios intentos fallidos, sube su mochila y se sienta. Las miradas de indignación continuan aún un rato (¿indignación? ¿Y por qué?), aprobechando los últimos segundos de irrealidad en los que ellos son los jueces y condenan, con o sin delincuente. Poco a poco van cesando, a medida que el acuado va mezclándose y homogeneizándose con el resto de los pasajeros, hasta convertirse casi en parte de la tapicería. Entonces, ya todos se olvidan de que en algún momento estuvo allí y, viéndose desprovistos de una diana hacia la que disparar lo peor de sí mismos, vuelven a sumergirse en la mediocridad de la que beben sus vidas.
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1 comentarios:
Si algo me gusta de ti, es tu enorme habilidad por fijarte en esos pequeños detalles (unas veces buenos, otras, no tanto) que nos brinda esta caprichosa vida. Debo reconocer que los echo de menos en mi día a día, así que vamos a tener que hacer algo para remediarlo..
..te hace uno de iván y quique? ;) Estoy ansiosa, ya queda menos! Un besito!
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