
Reconozco que determinadas lecturas, teniendo en cuenta mi ya mencionado grado de dispersión, no son la fórmula más adecuada... Sueños lúcidos, concepciones aristotélicas sobre el pensamiento y el sentimiento, estimulación del subsconciente... todos son conceptos que alimentan mi grado de esceptiscismo, y me abren cada vez más los ojos.
Lejos quedan ya las concepciones bequerianas y la espera de un destino incierto... cobra peso la razón, y a lo largo de los úlitmos años ha ganado más puntos la física que la poesía, a pesar de mis continuas reivindicaciones de lo mágico y surrealista. No condeno a la literatura... sino al tiempo. Por eso dejo transcurrir el invierno... me esfuerzo por imaginar que cada pequeño detalle forma parte de un tesoro... pero creo que ha caduducado el último frasco de inocencia.