Partiendo de la idea de que conseguir no pensar es la cumbre de la capacidad humana, tengo que definirme (muy a mi pesar, puesto que considero que la autodefinición no es más que una mera asociación del ego) como una discapacitada.
Pasando las horas y sintiendo como se escapan, sin dejar un número o una referencia (ignorando que el tiempo no es más que otra percepción subjetiva).
Es duro decodificar. Al principio únicamente aparecen sombras, más tarde trazos, con el tiempo hologramas… pero a medida que la investigación avanza, las sombras del principio reaparecen de nuevo. Y vuelta a descifrar. La intoxicación ególatra y parcial dificulta las cosas. Al final todo se resume a “hacer sin hacer”, a conceptualizar sin implicarse.

Pasando las horas y sintiendo como se escapan, sin dejar un número o una referencia (ignorando que el tiempo no es más que otra percepción subjetiva).
Es duro decodificar. Al principio únicamente aparecen sombras, más tarde trazos, con el tiempo hologramas… pero a medida que la investigación avanza, las sombras del principio reaparecen de nuevo. Y vuelta a descifrar. La intoxicación ególatra y parcial dificulta las cosas. Al final todo se resume a “hacer sin hacer”, a conceptualizar sin implicarse.

Hay quien lleva tiempo huyendo de sus propias palabras, temiendo no escoger las adecuadas, o simplemente negándose a proyectarlas porque el hecho de emplearlas ya supone “definirse” de algún modo y por lo tanto alimentar inútil y nuevamente al "yo mismo".
“El rigor ha tejido la madeja. No te arredes. La ergástula es oscura, la firme trama es de incesante hierro, pero en algún recodo de tu encierro puede haber una luz, una hendidura. El camino es fatal como la flecha. Pero en las grietas está Dios, que acecha.”
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